Se aproxima el fin de la legislatura y es hora de ir haciendo balance de estos cuatro años de gestión colegial bajo la presidencia de Regueiro.

El Colegio ha cambiado, no hay duda, aunque sólo sea porque cuatro años no pasan en balde y la sociedad y el país en general también han evolucionado. Sin embargo, en estos años han ocurrido tantas cosas negativas que, si no lo remediamos, todos recordaremos esta legislatura como el oscuro periodo en el que comenzó el declive del Icog.

Ha tenido que llegar a la presidencia Regueiro para que, por primera vez en el Colegio, hayan sucedido las siguientes calamidades:

  • Despido de forma premeditadamente improcedente a un empleado de más de 20 años de antigüedad.
  • Formación de un Comité Deontológico a instancias de la Junta de Gobierno para intentar represaliar a un colegiado por su legítima labor de oposición.
  • Tener un presidente, funcionario matutino y empresario vespertino, haciendo competencia desleal a los colegiados que representa.
  • Que el presidente se siente en el banquillo por un asunto penal relacionado con falsificación de firmas de colegiados.
  • La retirada de unas elecciones de una candidatura opositora por cambios en las reglas electorales realizados por un comité electoral extralimitado en sus funciones.
  • Presentación de unas cuentas a la Asamblea no avaladas por el tesorero, teniendo que ser defendidas por el presidente, ante el estupor de la concurrencia.
  • Que la delegación catalana se manifieste, por dos veces, independentista y a favor del denominado “procés” sin que la junta de gobierno diga ni pío.

Todas estas “cosas” han ocurrido en nuestro Colegio por primera vez en esta legislatura. El descrédito y la pérdida de dignidad son patentes, pero no parece importarle a mucha gente. Vivimos tiempos de desmovilización y apatía.

Los aspectos concretos de la gestión realizada por esta Junta serán tratados aquí en sucesivas entregas. El balance económico, la desaparición casi total de los cursos, las crecientes bajas de colegiados, el incumplimiento de las propuestas electorales del presidente y de algunos otros destacados miembros de la Junta, los descalabros judiciales de Regueiro, etc., constituirán el grueso de las siguientes entradas a publicar.

Hoy queríamos simplemente comenzar la serie haciendo este breve resumen para con ello suscitar en los lectores una reflexión sobre el Colegio que queremos en el futuro. Las elecciones presidenciales están ya a la vuelta de la esquina y a buen seguro que saldrá algún que otro candidato de la junta actual enarbolando banderas feministas, populistas o de cualquier otro tipo de pseudo-política, con el objeto de ocultar su ineptitud y la nefasta herencia que van a dejar en su actual gestión.

Para que os podáis hacer una idea, os doy unas pinceladas de cómo son las cosas, a día de hoy, en la sede central del Colegio:

  • La oficina principal está semivacía. Los despachos, que antes bullían de actividad, están cerrados la mayor parte del tiempo. Sin apenas empleados, nadie puede ocuparse de los servicios y la atención al colegiado.
  • Los visados los realiza la secretaria técnica en su casa y a tiempo parcial.
  • No hay casi cursos ni alumnos. En la sala que antes era un aula sólo se celebran algunos geoforos desérticos y las reuniones de la Junta.
  • La verdadera actividad está subcontratada. Los abogados del Colegio trabajan a destajo denunciando e investigando a colegiados y defendiendo a la Junta de las demandas que les llueven. La agencia periodística sigue contratada al mismo nivel que cuando se hacían cosas y había contenido que divulgar.

 

En fin…hasta la siguiente entrada.